Ante la pérdida de un ser querido

La muerte siempre nos descoloca. Duele. Quizás por eso mismo es necesario acoger una Palabra que habla con ternura.

 

Lectura Bíblica

Juan 11:25–26

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.”

Reflexión

La pérdida de un ser amado deja un vacío profundo en el corazón. El dolor, la tristeza y las preguntas pueden sentirse abrumadoras. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que no estamos solos en el sufrimiento. Dios ve nuestras lágrimas y camina con nosotros en medio del duelo.

La muerte no tiene la última palabra. Para quienes creen en Cristo, la separación es temporal. Nuestro ser querido ha partido de esta vida, pero descansa en las manos del Señor, donde ya no hay dolor, enfermedad ni lágrimas.

Jesús mismo lloró ante la muerte de Lázaro, mostrando que el llanto no es falta de fe, sino una expresión humana del amor. Hoy podemos llorar con esperanza, confiando en la promesa de Dios: un día habrá reencuentro y vida eterna.

En medio del dolor, Dios nos sostiene, nos da paz que sobrepasa todo entendimiento y nos recuerda que Su amor es eterno. Aunque hoy el corazón esté herido, la esperanza en Cristo permanece firme.

Textos de apoyo

  • Salmo 34:18
    “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”

  • Apocalipsis 21:4
    “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor.”

  • Romanos 8:38–39
    “Nada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

  • Salmo 147:3
    “Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.”

  • 2 Corintios 1:3–4
    “El Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.”